Verdaderos héroes: nuestra experiencia en Kairos

Desde hace dos sábados, hemos estado yendo a un albergue para familias cuyo hijo o hijos padecen de cáncer, la Casa Kairos.

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El primer día, les llevamos a los niños y sus familias unos mini cupcakes que les habíamos horneado. Se alegraron muchísimo y se los devoraron. Luego, jugamos con ellos toda la tarde. Al final, una de las pacientes -una niña de 8 años, que tiene un tumor cerebral y está en cuidados paliativos- se despidió de nosotras y nos dijo: “No se vayan a morir”. Nos impresionó mucho ver como son felices con tan poco a pesar de que padecen una enfermedad mortal, nunca paran de luchar por vivir.

El siguiente sábado había dos niñas: Offy y Glendi. La manualidad que teníamos planeada realizar no la pudimos hacer, porque la cola estaba seca, así que nos pusimos a jugar con ellas. Hicimos un circuito con papel foamy y la idea consistía en saltar sobre el papel. Nos la pasamos muy bien. Vuelvo a insistir es agradable ver cómo son felices con tan poco.

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En Lendel, siempre hemos hecho visitas de solidaridad y nos han llegado a cuestionar: “¿Por qué da tanta satisfacción ayudar a estos niños?, ¿por qué son capaces de proyectar tanta alegría?, ¿será la pura filantropía la que nos mueve o será caridad con el prójimo?

Creemos que más que la pura filantropía, de ayudar por ayudar, es hacer que los niños pasen un buen momento y logren salirse de sí mismos. Cuando comenzamos a pensar menos en nosotros mismos, en nuestras cosas y problemas, y empezamos a pensar más en los demás es lo que realmente nos llena de felicidad.

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Los niños de Casa Kairos nos enseñaron más a nosotras que nosotras a ellos. Estos niños nos han enseñado a luchar, pero no una lucha triste sino una lucha alegre a pesar de las dificultades.

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La alegría cristiana no es fisiológica: su fundamento es sobrenatural, y está por encima de la enfermedad y de la contradicción.”